Sobre la probabilidad de una quimera

 

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Tarde o temprano sale el tema. La última vez fue de vuelta a casa tras hacer la compra en un supermercado de las afueras. No tengo coche, no considero que sea del todo necesario en una ciudad que se puede cruzar a pie de punta a punta en media hora, ni que la carga económica que supone su tenencia y mantenimiento merezca la pena, y un amigo alemán de origen italiano se presta, con gusto y generosa amabilidad, todas las semanas a acercarme hasta la franquicia más asequible, dentro de los límites de la dignidad higiénica de la clientela y de la relación calidad-precio.

La conversación, no sé muy bien del todo cómo, derivó al ámbito de lo laboral y, viniendo a cuento, dicho amigo me preguntó (traduzco al español sus palabras): “¿Cuál es la probabilidad real de que pudieras vivir como escritor? Me refiero a hacer de la escritura tu principal fuente de ingresos, por ejemplo, llegar al nivel de producción y ventas de un Dan Brown o un Ken Follet, que sacan un libro cada dos o tres años y son capaces de vivir de ello”. Le respondí que no lo sabía. Él me dijo, con la mejor de las intenciones, como quien trata de abrirle los ojos a alguien ante un grave problema, como quien le habla a alguien antes de saltar al vacío desde lo alto de una azotea o de firmar una hipoteca: “Muy pocas, por no decir ninguna. Siempre tendrás que vivir de otra cosa.” Le contesté, como a quien le están poniendo una camisa de fuerza o unas esposas, así noté que me miraba, que sentía decirle que estaba equivocado, que había hecho de mi amor a las palabras un modo de vida y que si estaba sentado a su lado en aquel coche era por aquel resto de probabilidad quimérica al que siempre lo había apostado todo y que seguiría escribiendo hasta el día que me muriera porque era lo único, después del amor, que me hacía sentir que estaba vivo; no le dije, en cambio, que un día leería una novela en la que le harían al narrador esa misma pregunta y él le contestaría que escribía para poder seguir estando vivo y el narrador le hablaría a ese amigo de un poema de Cernuda en el que se cita la alegría de Falalei, el niño criado de una novela de Dostoievski cuando bailaba y tomaba azúcar, de Borges citando a Gottfried Keller y la rosa que una amada muerta nunca sabrá si es blanca o roja, de que un día se despertó dentro de un sueño en una página de Cardoso Pires caminando por las calles de Lisboa, y que vio pasar a lo lejos en el interior de un tranvía a la mujer de su vida, sonriente y delicada, leyendo una carta que él había escrito y que esa carta se había perdido y necesitaba volver a soñar para encontrarla y devolvérsela a su destinataria y que, solo por eso, había estado leyendo El Delfín y La balada de la playa de los perros, porque para volver a despertar en el interior de las páginas era necesario leer.

2 comentarios en “Sobre la probabilidad de una quimera

  1. Muchas gracias por leer y dejar un comentario; para mí estas pequeñas interacciones son siempre una inyección de moral. Viniendo de un lector como tú, el hecho de haber conseguido estremecerte ya es todo un logro y le da sentido, de algún modo, al texto.

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