Lo que se aparta de nosotros

Hay una parte de la escritura de Jorge Luis Borges en la que llevo años instalado, como si se tratara de una casa en un país extraño o un refugio en pleno bosque, como si en la mirada cupiera otra mirada que desdibujase el significado de las palabras para convertirlas en una melancolía extraña y propia, como de color de papel reciclado o con la forma de esas llaves que conservamos de casas que ya no existen y que en realidad ya no abren nada.

Podría escribir símiles hasta agotar las posibilidades expresivas de lo que intento decir y ni siquiera así sería capaz de describir lo que me ocurre con la primera frase de El Aleph, no por lo que relata, sino por cómo lo cuentan las palabras, no por la muerte de Beatriz Viterbo, sino por la forma de describir el significado de la muerte del narrador: “La candente mañana de febrero en que Beatriz Viterbo murió, después de una imperiosa agonía que no se rebajó un solo instante ni al sentimentalismo ni al miedo, noté que las carteleras de fierro de la Plaza Constitución habían renovado no sé qué aviso de cigarrillos rubios; el hecho me dolió, pues comprendí que el incesante y vasto universo ya se apartaba de ella y que ese cambio era el primero de una serie infinita”.

El universo se aparta de nosotros cada vez que cierra un kiosko, cada vez que tiramos esos zapatos con las suelas gastadas, cada periódico que deja de imprimirse, cada libro que terminamos de leer, cada agenda que agota sus páginas, cada vez que pasa el camión de la basura, cada nevada que termina deshecha y sucia sobre las calles, cada vez que nos leen los contadores del agua y del gas.

La gente saca los disfraces de carnaval como cada año por estas fechas y yo pienso que el universo se aparta de nosotros, incesante y vasto, porque me duele que hace nueve años muriera mi abuelo y he comprendido que se cumplen las series infinitas de cambios que se han ido apartando de él.

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5 comentarios en “Lo que se aparta de nosotros

  1. En mi paseo de ayer a la noche escuche el audiolibro de “El aleph” y hoy en mi paseo escuche “Funes el memorioso”. El sentimiento de nostalgia y melancolía se encontraron en mi cuando volví tras diez años al pueblo de mi infancia, donde me instale unos meses. Supongo que el sentimiento de cambio se acentúa mucho mas cuando uno es joven, pero ese sentimiento de que todo es constante devenir me quedo muy marcado. Quizás, y esto es suposición mía, el hecho de haber vivido en Europa y haber regresado tras unos años a Argentina haya generado algo parecido en Borges. Me sentí muy identificado con esta entrada y por ello me tomo el atrevimiento de comentar. Un saludo.

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  2. Esa sensación la tuve hace años con la primera muerte de un ser querido. Después de una noche larga, triste y necesaria a la vez, llegó la mañana y con ella los sonidos del despertar de un nuevo día. Recuerdo como me indignaba el sonido del camión que limpia las calles y el ir y venir de las personas… no entendía como podían seguir con su vida. Es ese momento, en el que te das cuenta, lo prescindibles que somos en esta vida… todo continúa y continuará sin nosotros.

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