Neologismos y desinencias

La filósofa Adela Cortina ha publicado hace un poco un ensayo llamado “Aporofobia, el rechazo al pobre” con el subtítulo de “Un desafío para la democracia”. La palabra es un hallazgo periodístico y editorial, los salvaguardias de la lengua se han apresurado a validarlo y a recordar al hablante y, supongo, que al escribiente que la desinencia se escribe con o y no con a. Por cierto, qué hermosa es la palabra desinencia; decirle, por ejemplo, a tu mujer o a la persona que ames: me encantaría ser tu desinencia; o: desde que te conocí mi vida es solo una desinencia de aquel momento.foto_LA

No comparto el entusiasmo por la palabra aporofobia, pues podría, por ejemplo, confundirse con una enfermedad y la enfermedad siempre tiene algo de involuntario, de fortuito o de infortunio, de origen desconocido o traumático para el paciente: el aerófobo tiene miedo a volar y el agorafóbico a las multitudes. ¿Se dice aporófobo o aporafóbico? Se dirá aporófobo, igual que se dice xenófobo y existe la xenofobia, me susurra el filólogo al oído. Los neologismos parapetan su carga semántica e ideológica tras la etimología, como el traje y, sobre todo, las corbatas de colores de los comerciales de una empresa de telecomunicaciones disimulan la precariedad laboral. Tiene hasta algo de modernidad clásica o matemática esa equis al principio de palabra de xenofobia. Si las palabra fueran, qué sé yo, “cultofobia” (odio a la cultura) o “incultofilia” (amor a la incultura), “mensofobia” (odio a las personas) o “injustofilia” (amor a la injusticia), “pacifobia” (odio a la paz) o “ignorofilia” (amor a la ignorancia); las cosas estarían algo más claras.

La aporofobia es una manera de llamar al egoísmo y a la infinita capacidad que tiene el hombre de sentirse amenazado. Al designar el concepto, lo definimos y, por desgracia, justificamos su existencia. La propia RAE define la palabra fobia como un temor angustioso e incontrolable que se sabe absurdo y se aproxima a la obsesión. Toda fobia esconde una filia que es, en el fondo, su fuente, su hontanar obsesivo; en este caso: la avarofilia.

Me pregunto qué hubiera pasado de haberse titulado el libro Denariofilia, la atracción por el rico. Contrasta, eso sí, la actitud constructiva del subtítulo: “Un desafío para la democracia”, en lugar de: “Una obsesión colectiva”. ¿Por qué triunfan siempre los neologismos pesimistas? Las últimas celebraciones de uso exponencial (así la designan dichos neólogos celebradores) fue, si no recuerdo mal, por mileurista, nini o follamigo. Palabras que esconden conceptos como la explotación laboral, la desorientación vital y falta de oportunidades o el derecho al roce.

Es la última vez que utilizo aporofobia; con o, no lo olviden.