Pauperismo lingüístico

Son frases hechas de tertuliano, televisivo o radiofónico, lo mismo da. Son expresiones que suelen utilizar o, mejor dicho, suelen ser utilizadas por los políticos y por los periodistas, sobre todo, los de las cadenas y los partidos más o menos advenedizos, aunque haya deshonrosas excepciones en toda casa de vecino, por mucha solera que esta tenga. Locuciones que siempre me han dado una pena misteriosa, una tristezaIMG_0772 (1) sin conmiseración ni ternura, una lástima indefinida e imprecisa, como la que se tiene al ver fumando a un niño o la postura de un perro al defecar. Se escuchan y se leen por todas partes, las utilizan o son utilizadas por la gente que trata de hablar en serio (¿hay algo más triste que hablar en serio?) de cualesquiera asuntos de los que toque hablar o, como dirían ellos, que estén de rabiosa, candente o primerísima actualidad.

Se puede leer o escuchar, por ejemplo, que “la trama desvió ingentes cantidades de dinero a distintos paraísos fiscales” y uno se pregunta a quién, en qué momento y en qué lugar, con cuántas copas de menos o de más, se le ocurrieron semejantes metáforas eufemísticas pecuniarias como “desviar dinero a un paraíso fiscal”; cuando lo escucho, me viene siempre a la cabeza un tríptico de El Bosco, una estatua de Fernando Botero y el gol que Roberto Carlos le metió a Ojeda en un partido que el Real Madrid perdió 2-1 en Tenerife. Si uno hablara o escribiera como ellos, instaría a que levantara la mano al que -y a la que- no conociera, esa es su retórica, qué son las desviaciones, la prima de riesgo, la amnistía fiscal, los activos tóxicos, el blanqueo de capitales, la tarjetas black, el crecimiento negativo, la burbuja inmobiliaria, los fondos buitre, el banco malo, el corralito, la fuga de capitales, la congelación del sueldo o de las pensiones, la desaceleración transitoria, la novedad tributaria, la movilidad exterior, las reformas estructurales, el copago sanitario, la externalización (sic) de los servicios públicos, las empresas o sociedades pantalla, el tráfico de influencias, el capital humano, el gravamen adicional o la persona en riesgo de exclusión social. Los tertulianos, los políticos, los periodistas se apropian, ellos dirían que de forma indebida, de los conceptos económicos y al proferirlos les otorgan ese matiz inhóspito de cretinismo del que parece que sabe de lo que habla, al caluroso abrigo de la estercoladura generalizada, siempre necesaria, y todo ello, como el que no quiere la cosa, los hace florecer por doquier o con un éxito sin precedentes, que así es como se designa lo meritorio y exitoso.

La recopilación de estupideces se haría interminable, haría falta un equipo de lexicógrafos o, mucho mejor, un comité de expertos, quizá una hoja de ruta, alguien que trazara las líneas rojas o que estuviera dispuesto a dar su brazo a torcer, a proponer alternativas para encontrar una mayoría consensuada, el consenso, como no podría ser de otro modo, tendría que ser amplio; luego habría que ver las reacciones, a poder ser las de última hora, y si arden o se incendian las redes y cuál ha sido, a fin de cuentas, el relato y su impacto en la comunidad internacional.

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