Qué sé yo

Es la primera vez que escribo, como diría Javier Marías, por alusiones. La fotógrafa y escritora S. Sue me ha dedicado unas emocionantes palabras en la introducción a su entrada «Tiempo de caracol» en su blog “La habitación sumergida”. Las copio aquí, para que hablen por sí mismas:
«Hay gente que escribe como quien es adicto a una droga o a la descarga de adrenalina que se siente al tirarse desde un puente con arneses (que con suerte paran la caída y con menos suerte, el corazón). Para esta gente la escritura justifica su existencia; es una amante única y exigente. No admite distracciones. Sólo se es si se escribe. Mi colega del blog “El Tintero” debe de ser un poco así. La pasión por la palabra se le ve en cada texto, como un síntoma de una enfermedad insoslayable. Eso es un escritor.»
No es la primera vez que me llaman enfermo. El diagnóstico depende del galeno o del terapeuta que me diagnostique la adicción: a la escritura, a la literatura, a la música, etcétera. Me viene a la memoria una frase que me dijo uno de mis hermanos cierta madrugada en la que estuve hablando con él durante horas de formas de abordar la narrativa, por definir de alguna forma el tema de la conversación; quizá la evoque porque me hizo muchísima gracia un comentario que me hizo y las palabras en Tiempo de caracol me las han vuelto a recordar: «Fernando, estás podrido de literatura».
Tienen las palabras de La habitación sumergida alusiones intertextuales sutiles e interesantes de Cernuda (justificación de la existencia) y de Chéjov (amante única y exigente). Me define como apasionado de la palabra, enfermedad que no puede soslayarse, que no puedo ocultar por mucho que lo intente.
Lo que más me ha emocionado es el velado homenaje a Bukowski, que sea otra persona la que me haya llamado escritor y no lo haya hecho yo mismo.
Escribo porque no me queda más remedio que hacerlo, por necesidad, es una forma de volver a estar conmigo y, a un tiempo, de entrar en contacto con los pensamientos de los demás. Qué sé yo. ¿Por qué brotan los árboles? Creo que era Cesare Pavese quien dijo que escribir era la mejor forma de hablar con uno mismo y con los demás, también escribió Vendrá la muerte y tendrá tus ojos, que es, para mí, uno de los poemas esenciales.
Pero creo, que como decía Chéjov que le ocurría a él, no dejamos de escribir en ningún momento. Se deja de escribir al sentarse a escribir, porque la escritura termina en el lugar en el que empieza. Cortázar decía que el estilo era la forma que tenía un río de caer por el paisaje que iba atravesando, es decir, se trata de caer, como caen las palabras de la cabeza a las manos y de las manos al teclado o a la pluma, y del teclado a la pantalla o de la pluma al papel, Si escribo a mano el ritmo de lo que escribo es otro por el trazo de la pluma, las palabras se escuchan de otra forma, si escribo al teclado del ordenador golpeo las teclas como la lluvia golpea los cristales, cae la lluvia sobre mi corazón, como cae sobre la ciudad, creo que decía Rimbaud.
La realidad es que escribo para dejar de ser, la escritura es una transformación, una metamorfosis kafkiana. La realidad es que, en el fondo, no lo sé, es un misterio, al menos, para mí.
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10 comentarios en “Qué sé yo

    • Gracias, Elia. Es un blog muy bonito y tiene unas digitografías, como las llama S. Sue, estupendas y preciosas. Por cierto, a nosotros de Bunbury también nos gustan hasta los andares, desde siempre. Un abrazo helado, que estamos con nieve.

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    • Gracias Anabel, por leer y por comentar. Al contrario de otras, es una putrefacción que requiere su tiempo y dedicación. Muchas gracias por los ánimos.

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  1. Yo también quiero estar podrida de literatura, seguro que esa podredumbre huele a canela y vainilla en una mezcla inspiradora jajaja
    Siempre motiva cuando te dedican unas bonitas palabras como esas. Enhorabuena.
    Un saludo

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