Pequeños milagros

La persona que más me importa en la vida y la razón por la que todavía sigo en este mundo, tras una de las peores tardes que recuerdo, me dijo una vez una frase: “Olvídate, ahora, de lo demás. Solo te veo feliz cuando estás escribiendo o has escrito, cuando traduces, cuando has salido de dar tus clases, tienes que dedicarte en cuerpo y alma a la escritura, a la traducción, a las clases de lo que sea: ¡de lo que sea! No te niegues a ser quien eres, sobre todo, no te niegues a ser quien has sido siempre. No seas los demás, llevas años siendo los demás”.

Fue una decisión difícil, no me atrevía a dar el paso, no me atrevía a decepcionar a las personas que habían apostado por mí, aunque para ello tuviera que decepcionarme a mí mismo y, en el fondo, a la persona que más me importa. La fecha de matriculación del doctorado estaba próxima a expirar, durante el último año había cursado un máster extra en traducción que era requisito indispensable para poder acceder a esa especialidad y en el que había dilapidado, por qué no decirlo, los pocos ahorros que tenía en una matrícula de precio abusivo. Pasó la fecha, expiró con ella el plazo. Moría con ella una parte de mí y renacía otra que nunca había terminado de morir del todo.

Desde que me atreviera a clausurar mi antigua página web, en la que ya apenas escribía con cuentagotas y que en siete años de vida había acumulado los mismos seguidores que El tintero en solo cinco semanas, y diera un salto al vacío, han comenzado a suceder pequeños milagros. Sigo avanzando, página a página, noche tras noche, en la escritura de una novela que tenía aparcada en la biblioteca de lluvia tras los ojos en las que viven o mueren los libros por escribir. Además, otras historias han comenzado a buscarme y a encontrarme, primero fueron las de Esther Paredes y, apenas un mes después, hace unos días, Elia y Michael, tras hacerse con un ejemplar de Una hora menos, me hicieron llegar desde Cádiz la novela El Regalo de Eloy Moreno, dedicada por el autor, sin tener por qué. Solo porque hacía unos años había escrito una reseña sobre El bolígrafo de gel verde, libro que, qué casualidad, me había regalado la misma persona a la que me refiero en el comienzo de este texto. Y fue como si el círculo se cerrara para abrirse de nuevo, ese bolígrafo de gel verde con el que está escrita la dedicatoria me hizo pensar que si hay algo que perseguir en esta vida, o en la próxima, son nuestros sueños.

Después de leer El Regalo, he vuelto a escuchar ante mí en el silencio aquellas palabras que pronunció una de las peores tardes de mi vida la persona que mejor me ha querido nunca, con los párpados cerrados para ver el horizonte, como dice Eloy Moreno. Y aquí estoy escribiendo, escribiendo para encontrarme.

DedicatoriaPortadaELREGALO

6 comentarios en “Pequeños milagros

    • Gracias a vosotros por ese Regalo, con mayúsculas. El destino se lee en círculos que se abren y se cierran y con ese libro se cierra uno y se ha abierto otro. Un abrazo enorme.

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  1. Qué buena noticia leer que vas camino de tus sueños. Y tienes razón, a veces parece que son ciclos que vemos cerrarse, será que aprendemos a entenderlo así.
    Me ha gustado mucho. Ánimo con esa novela y con tus próximos proyectos. ☘

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  2. Fer!!! No había leído esto! Sabes? Julia Cameron en “El camino del artista” habla de las sincronías, esas mágicas casualidades que te sobresaltan mientras recorres con prudencia y temor el camino de la escritura (en nuestro caso). Pero veo que esas casualidades ya no te sobresaltan, sino que las recibes como lo que son: señales maravillosas que te indican que vas por el camino correcto, por el que sientes que debes avanzar. Qué buen consejo te dieron, qué bien hiciste en ser valiente y qué gran regalo fue el libro y la dedicatoria. Estoy emocionada!!!

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    • Tendré que leer ese libro del que hablas. El camino, cuanto más cerca esté de lo que somos en el fondo, tanto mejor. El regalo fue, sin duda, muy especial y esta página cada día me da más alegrías como tu comentario.

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