“Me alegro por ti”: perversión, arrebatamientos semánticos y cajones dalinianos

Llevo semanas pensando en la inclusión de la palabra buenismo en el Diccionario de la Real Academia Española. Extraña palabreja de tertuliano televisivo o radiofónico, insulto siempre a mano del que aboga por la mano dura y que conmina a no confundir libertad con libertinaje, como si la confusión fuera una propiedad exclusiva de la persona a la que se dirige la sarta de tópicos manidos. Las cosas claras (y el chocolate espeso). Alguien se ha apropiado del significado de las palabras hace tiempo; la intención, sospecho, no es siquiera el desconcierto, sino la inoculación de una perspectiva desde la que individuo desarrolle por sí mismo la noción de estar cada vez más indefenso, es decir, desorientado y desprovisto de claridad referencial, como esas personas que nos dicen las cosas “por nuestro bien” y, en realidad, lo que quieren decir es que piensan que estamos equivocados y que deberíamos cambiar de conducta.
Un concepto como “positivo” se ha pervertido hasta tal punto que uno debería echarse a temblar cuando comience a escuchar la palabra a su alrededor. Pienso, por ejemplo, en que los “controles de alcoholemia”, se llaman “controles de alcoholemia” y no “controles de sobriedad”. Si uno da, por ejemplo, negativo en un control de alcoholemia, pareciera que hubiera hecho algo mal por ofrecer un resultado negativo, aunque la realidad es que no se pueda dar negativo, el máximo valor de la dignidad ante tales pruebas es un cero (coma cero), la nada, no encontraron lo que venían buscando. O los atletas cuando dan positivo en el control “antidopaje”. El caso extremo de este tipo de perversión semántica es que a las personas enfermas de sida se las denomine como seropositivas. Qué bien, qué gran idea tuvo el científico de turno en su nomenclatura.
Al hablar ya se no sabe muy bien si algo que esté bien, es mejor que que no esté mal o mal del todo. Qué decir o pensar cuando algo esté bastante bien, a mí siempre me dio la impresión de que ese “bastante” alejaba tanto el adverbio que casi lo convertía en un antónimo. Los ejemplos en castellano son abundantes: a buenas horas, de buena gana, bueno-bueno-bueno, estar bueno (cuando alguien no da jota con pelota), nos parecerá bonito.
En el lado opuesto nos encontramos ante la incapacidad de asumir lo negativo, como si hubiera que poner siempre al mal tiempo buena cara o negar la mayor por sistema. Tolerancia cero es una expresión neuronal anquilosada, la escucho y me imagino un cerebro cuya materia gris está hecha de cemento. ¿Cero como partícula negativa? ¿En serio? Nada, nada, nada. Las economías nunca menguan, sino que decrecen o, verbigracia, sufren crecimiento negativo o recesión, como si lo bueno, el crecimiento, pudiera echarse una siesta o disfrutar de una pausa merecida. Me hace gracia ver cómo se les llama a ciertos medicamentos antidepresivos o antigripales, lo cual es una doble negación: se normaliza la depresión y la gripe, si no te hacen efecto, será tu culpa, pues está claro que ellos eran “anti”, tú eres el (pro)depresivo o el (pro)gripal. Imagino unas pastillas que se llamaran proestima, prodopamina, prosanación, ¿harían más efecto?
Lo más triste que nos pueden decir es “me alegro por ti”. Siempre que escucho esa expresión me imagino a la persona que me la dice de espaldas, acurrucada en un rincón de sí misma, como si guardara nuestra alegría en un cajón daliniano, a veces hasta se puede escuchar el golpe del cajón. Puedes reconocer a este tipo de personas porque cuando alguien habla de que le ha pasado algo bueno, muestran una extraña urgencia por cambiar de tema.
En fin, en la disyuntiva entre el buenismo y la mano dura, la confusión de libertad con el libertinaje, siempre queda el asidero oral de que no haya palabra mal dicha, sino malinterpretada.

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4 comentarios en ““Me alegro por ti”: perversión, arrebatamientos semánticos y cajones dalinianos

    • Alguien que te mira a los ojos estrechándote la mano o te da un abrazo, dudo de que te diga ese “por ti”, que es la parte triste a la que me refiero. Me he topado con gente que decía me alegro por ti y eran la antítesis de la alegría. Fuera de contexto ese lo más triste no suena tan irónico, supongo, como lo imagino yo.

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