La espiral

A Henry Chinaski
Bajaste la espiral hasta el último anillo,
no había nadie allí,
sólo la propia ausencia del que contempla.
Nadie,
ni amor, ni familia, ni amigos,
a la hora de morir estabas solo,
las palabras no significaban nada
la vida era tan sólo digna de olvidarse
algo que desaparecía dentro de ti mismo.
Entonces seguiste caminando
y descendiste más allá,
siempre había otro anillo que era el último,
lo comprendiste:
tú eras el límite.
Trazaste entonces el círculo más hondo,
abrazaste tu propia locura
era tu don,
era perfecto.
Lo que no sabías,
es que mucho más abajo estaba el mundo.

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