Acéldama

Otro nanorrelato que he enviado al certamen de Artgerust de novela negra, esta vez con una temática bíblica, dándole la vuelta a la traición de Judas. Es un tema muy trillado en literatura, por ejemplo, Borges ya escribió sus “Tres versiones de Judas”. Se lo dedico a mi madre, cuyas apasionadas conversaciones bíblicas de sobremesa echo de menos más a menudo de lo que me gustaría, y quien me dio, sin saberlo, la idea para esta pequeña ocurrencia. Esto no es más que una forma más que de estar, en cierto modo, con ella.

Acéldama
Soy sólo un hombre y tengo miedo. La historia dirá de mí que vendí a mi maestro por treinta monedas de plata. ¡Qué importa lo que diga la historia, la verdad que todo el mundo cree sin comprender nada! El beso, la traición, el arrepentimiento. Todo encaja.
¿Mas no era yo el discípulo más querido? ¿No lo he hecho todo por amor y lealtad? ¿No me llamó él aparte y me relató todos los misterios del reino? ¿Y no he de morir yo junto con él, el mismo día, a solas, y colgado también de la madera? ¿Nadie se preguntará el porqué de tanta prisa? ¿Y no doy yo también la vida por mis amigos?
El beso fue una amarga despedida, la traición su voluntad de entrega y el dinero la coartada perfecta. Devuélvelo, me dijo, y quedará constancia de tu inocencia, al César lo que es del César, a Dios lo que es de Dios.
Así es el amor.

2 comentarios en “Acéldama

  1. En efecto, campo de sangre. Me gusta la palabra porque, aparte de que suena muy bien, reúne tanto la simbología del dinero, como de la muerte de ambos.

    Con las treinta monedas de plata, por provenir de la entrega para una ejecución, no se podían destinar al templo, por lo que compraron con ellas un terreno donde daban sepulcro a los extranjeros y en el que dicen que estaba el árbol en el que Judas se ahorcó y, posteriormente, sus restos se esparcieron al troncharse la rama por el peso.

    Quería darle la vuelta a la historia, tomando la idea del relato de Cortázar sobre el Minotauro.

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